17 de mayo de 2022 – Otro viaje

Hasta aquí me llegó este viaje. Continúo en otro lugar para comenzar otro viaje, que ya lleva un tiempo de prueba. Le llamo «mi alacena» donde caben toda clase de cacharros. Le tengo mucha simpatía a este tipo de mueble. Yo misma tengo una alacena, heredada de mi madre, a la que quiero cambiar de color, pero todavía esta en su primera fase. No me apetece ponerme a ello ahora. La sigo usando tal cual.

Muchas gracias por vuestras lecturas y palabras. Me ha gustado mucho seguiros y leeros también. ¡Seguid viajando con vuestras ideas, sueños, palabras, arte!

Hasta luego, good bye, pa acum, bis bald… 🌞🌿💚

13 de mayo de 2022 – El ruiseñor y Hans Christian Andersen

Ilustración del ruiseñor en acuarela y rotulador sobre papel artesano.

De regreso a sus tierras los viajeros hablaban de él, y los sabios escribían libros acerca de la ciudad, del palacio y del jardín, pero sin olvidarse nunca del ruiseñor, al que ponían por las nubes; y los poetas componían inspiradísimos poemas sobre el pájaro que cantaba en el bosque, junto al profundo lago.

El ruiseñor, Hans Christian Andersen.

Este sencillo pájaro en apariencia tiene un canto que no había oído nunca, no a menos que no me hubiera dado cuenta hasta ahora, que es más que posible. A veces somos sordos, como somos ciegos, a lo que es bonito.

Lleva cantándome a la ventana, a veces desde una rama donde se le ve, a veces escondido por el follaje, desde hace una semana. Día y noche. A intervalos descansa, supongo, o no tiene necesidad de hacer el reclamo. Me habría gustado compartir alguno de los audios que tengo grabados con su melodía, pero no tengo un sitio de pago en esta plataforma, así que me conformo con compartir un dibujo que he hecho del ruiseñor en acto de cantar. De este modo también he estrenado por fin un cuaderno (29x40cm) que tenía guardado, cuyas hojas son de papel artesano y cuya encuadernación, también artesana, me recuerda a un códice, o cosa parecida. Sus páginas no son un soporte idóneo para la acuarela, pero me está ofreciendo una forma diferente de aplicar el color, más bien de apunte y aguada, y una forma diferente de abordar el motivo que quiero ilustrar.

10 de mayo de 2022 – De vuelta

Hoy estoy de vuelta.
Han pasado los trenes,
los que no me llevaron,
los que debía tomar y no quise coger.
Han pasado también los días,
ha pasado la lluvia, el sol, las hojas caídas
y aquel minuto de una cara abatida.
Han pasado las palabras, las lágrimas
por un pensamiento anticipado,
por el deseo inconsciente y cumplido.
Han pasado las voces,
en una tarde cálida de verano.
El ruido de los pasos también,
todo eso ha pasado y estoy,
estoy fundida con el paisaje,
estoy de vuelta y convencida,
enraizada en este suelo fértil
de ilusión diaria, de amable algarabía
en el bullicio de las horas,
en el canto de la sombra.
Estoy de vuelta, sí,
al fin, estoy de vuelta.

Olga©

8 de mayo de 2022 – Variaciones de una sombra

Estaba preparando el móvil para llevarme la imagen de alguna planta, eso creo, y me di cuenta de la sombra que producía Cora sobre el suelo. Entonces le hice una foto, y como ella se movía y perdía la pose, le hice dos más. Ya en casa, revisando fotos descubrí que al deslizar las fotos de un lado a otro, se creaba un efecto de animación. Pequeñito, pero curioso.

Los dibujos están hechos con lápiz conté piedra negra, que es un lápiz graso, sanguina, lápices de color y pastel.

No se me ocurre qué otra cosa contar que venga a cuento del dibujo, pero, ya que la cosa iba de variaciones de una sombra, puedo recomendar para este día de domingo tres piezas de música clásica que tratan de variaciones y me gustan mucho. La primera serían las Variaciones Goldberg de Bach; la segunda, las Variaciones Enigma de Edward Elgar; la tercera, a la que tengo mucho cariño por la época en la que la conocí, es la Fantasía sobre un tema de Thomas Wallis de Ralph Vaugham Williams. Espero que las disfrutéis.

Os deseo un domingo tranquilo 🙂

3 de mayo de 2022 – Contención

Acrílico

Esta es uno de esas cosas que hago y que terminaré tirando, aunque no tendría por qué ser extraño puesto que suelo tirar cosas, como ya comenté en mi anterior entrada. Pero, esta en particular, ha surgido de un estado de contención. Podría decir que es un estado de ánimo, un estado de confusión, o cualquier otra cosa, pero la verdad es que es de contención. No es la contención por expresar en el dibujo, sino la contención por expresar otras cuestiones que resuelvo en esta semana. Y será un alivio y un adiós definitivo. Para mí desde luego que lo será. Por lo que cualquier cosa que produzca, como este dibujo (o pintura) relatará más o menos lo que sucede en mi interior.

He leído a Daido Loori, al que he hecho referencia unas cuantas veces, y he leído un interesante libro sobre el bloqueo del escritor (fue hace unos años) escrito por Victoria Nelson; he leído e investigado lo suficiente como para comprender que cualquier cosa que hagamos forma parte del mismo proceso. Bloqueos, confusiones, estancamientos, repetición del mismo tema, todo forma parte de un proceso, y aunque no nos guste lo que nos sucede, es necesario para seguir adelante en aquello que parece ser es nuestra más alta motivación. Intentar hacer lo contrario, es vivir de cara a la galería. Como si realmente fuéramos tan importantes. Yo no lo soy.

De modo que, por ejemplo, publicar en un blog algo que no te gusta, algo que ha resultado de cualquiera de los estados anímicos que no nos permite crear o hacer como normalmente nos gustaría, es también un gesto de reconocimiento y de avance. De hecho, no lo veo como algo que no me guste, sino como lo que es, un reflejo de una situación.

Puede que no me guste estéticamente, pero no se trata de que me guste su estética, sino de si me representa ahora, si me habla de cómo estoy. Cuando comprendo que me quiere contar lo que me sucede, le doy la oportunidad de contármelo. De hecho, no es tanto por la contemplación del acto completado, sino de qué ocurría mientras lo hacía. Han pasado muchas capas de color hasta transformarse en lo que se ve ahora. No tenía un criterio.

La idea de que luego me deshaga de ello no tiene que ver con que no me guste. No se puede guardar todo. ¿Qué sentido tiene? Alguien tendrá que tirarlo por mí cuando muera. Sin embargo, ahora cuento con la posibilidad de conservar el momento en este blog. No es mala idea. Y ahí empieza la liberación y el dejar de tomarme en serio lo que hago. No es más que una forma de expresión.

29 de abril de 2022 – Desapego

Carboncillo. Dimensiones 40X29

Hice limpieza en mis cosas, en mis dibujos y pinturas. Me gusta hacer limpieza de las cosas. En algún momento pasado, este gesto de hacer limpieza en mis cosas, podía llegar a ser un gesto fiero, como de despedirme un mal trance, o de una etapa que quería dejar atrás. Esta vez no se trata de eso.

Leí en un blog de una artista que se había dedicado toda su vida a pintar y que le había servido de poco económicamente. Que ahora pensaba en pintar en soportes pequeños y poco aparatosos para facilitar el almacenamiento de sus obras y que, además, solía a cada tanto deshacerse de trabajos para evitar la incómoda tarea de que lo hicieran sus hijos por ella el día de mañana. Y esto es así. Es algo en lo que he pensado muchas veces en todos los aspectos de la vida y por distintos motivos. Yo tuve que encargarme de hacerlo con las cosas de mis padres y es una tarea extraña.

De otra parte, leí también en un libro, el libro de Daido Loori (The Zen of Creativity, que finalmente terminé), la necesaria y sana actitud de despedirse de la propia obra. Sentir el desapego como algo natural.

Podría mencionar más lecturas, o más historias, relacionadas con la necesidad de librarse de las cosas que hacemos, que acumulamos y que atesoramos durante un tiempo, pero no tengo ganas de rebuscar en la memoria. La cuestión es que anoche y esta mañana hice mi limpieza. Y como he dicho antes, no era un gesto fiero, como en pasadas ocasiones, sino consciente, casi de alivio y de contento por haberlo necesitado, por haberme dado cuenta de que era el momento de hacerlo y de cómo lo sentía al hacerlo.

No soy una dibujante, ni soy pintora, ni soy escritora, ni soy profesora, ni soy hija, ni soy la estudiante de antaño, ni la intelectual que me creí querer ser en el pasado, ni la amiga que buscaba a la gente, ni ninguna de las cosas que creía querer ser. No sé qué soy ahora y no me interesa. Si aún me dieran dinero por cualquiera de las cosas que he pretendido ser, podría plantearme la cuestión ontológica de quién soy y cuál es mi propósito, pero francamente todo eso se ha perdido y no lo veo. Y estoy bien.

El dibujo que publico en esta entrada es una invención. Lo fue cuando lo hice. El pasado junio de 2021. Cuando lo vi entre las cosas esta mañana, lo salvé del expurgo. Lo vi y dije «te quedas de momento».

Feliz fin de semana.

26 de abril de 2022 – Gatos, mirada y actitud

Pastel al óleo. Dimensiones 59×42.

La imagen que ha servido de modelo para este trabajo está en el banco de imágenes gratuitas de Pixabay. Buscaba personas y se me coló la imagen de estos gatos. Nada más verla me cautivó. Desde luego que me gustan los gatos, no como animal doméstico, sino por su belleza. Pero lo que de verdad me cautivó de esta imagen fue su disposición. Un gato mira al frente y el otro, adosado, mira a lo lejos a otra parte, y me sugieren dos actitudes diferentes. Lo curioso es que no tuve esta reflexión hasta que terminé el dibujo. Así que me atrapó la atención por motivos que el subconsciente se guardó y ya solo la razón supo sacar cuando lo terminé y lo observé.

Ver y observar son dos cosas distintas y las dos son necesarias para dibujar y pintar, pero cada una llega cuando llega. La observación me llegó para comprender si había logrado lo que quería lograr, la mirada de uno y otro, de frente y a un lado y comprender por qué esa disposición había conseguido atrapar mi atención desde el principio, comprender, quizá, una actitud.

Este dibujo está hecho con pastel al óleo Faber-Castell. Aprendí temprano que unas simples ceras Manley pueden dar juego en un papel si las utilizas como herramienta de óleo. Esto es, primero dibujas, esbozas, trazas la composición y luego lo bañas con pincel mojado en disolvente, lo que hace que se empaste, quiero decir, que se convierte en pintura líquida. No significa que se vuelve líquido, sino que el trazo de pastel, de cera, se hace satinado. A continuación, aplicas de nuevo la cera o el pastel al óleo, y esta vez, pintando, más que solo dibujando o trazando. La aplicación del disolvente va a necesidad del estilo que persigas. Es importante contar con un papel que resista las pinceladas de disolvente, pero al contrario de lo que suponen muchos, no lo moja, no llega a estropear el soporte con facilidad, porque el disolvente se seca enseguida, así que la exigencia sobre el tipo de papel es baja. Con cierto grosor es suficiente.

En la segunda aplicación después de pincelar con disolvente, se puede volver a trazar con pastel al óleo, como he dicho antes, pero también se pueden utilizar pasteles secos, o bien rematar con acrílico; cualquier material que pueda cubrir encima de la capa satinada que deja el disolvente. Cada motivo y cada mano exige o sugiere qué utilizar.

En este momento, en el que me dejo llevar más por los motivos que encuentro y que dejo que estos me digan qué material usar, aparto la idea de trabajar insistentemente en un mismo material. En cada momento o etapa del trabajo, la cabeza suele decirte qué necesita para avanzar o para comprender. Es importante dejarse llevar. Los prejuicios, en un proceso creativo ni en cualquier otra cosa, claro, no ayudan en absoluto.

25 de abril de 2022 – Más que las palabras

Pastel sobre papel de esbozo reciclado. Dimensiones 70×42.

Descubriré, a pesar de los escritos,
que he sido un tanto más que las palabras,
que soy tierra batida por el miedo,
agua que corre e ignora su cauce;
el anhelo de respirar aire.

Olga Álvarez©


Sobre la imagen

Este dibujo o pintura está hecha con pastel. El papel que he utilizado es de esbozo reciclado y tiene un tono oscuro. Esto ha hecho que la luz resultara un poco más complicado de conseguir, debido a la naturaleza del material del que está hecho el pastel, su inanidad. Lo he trabajado por capas, intercalando rociados de spray fijador de modo que se creara una película satinada. Sobre cada una de las capas satinadas añadía los detalles, los reflejos. Prácticamente me ha parecido que estuviera pintando con óleo. Una semejanza que se basa en la forma de aplicar el material, en la espera, en la paciencia —en mi caso más en la insistencia que en la paciencia— y, en definitiva, en la seguridad de que podía llegar a alguna parte a pesar de no verlo desde un principio. Me alegro de haberlo intentado y he disfrutado de su proceso.

22 de abril de 2022 – Flor de jara y tierra

Acrílico. Dimensiones 30x42cm. Flor de jara.

Entro en Google esta mañana y me dice que es el día de la tierra. ¿Cuándo no debería serlo? De todas formas, últimamente mis motivos para dibujar y pintar están muy cerca de celebrarlo cada vez que miro una flor, una hoja, un árbol, un paisaje. No es una actitud ecológica consciente; es que no se me ocurren mejores motivos para retratar de un tiempo a esta parte. En cada momento o época, reproduzco lo que es una necesidad interior y lo que me hace más feliz mientras lo hago y después de hacerlo.

La jara es un arbusto muy fuerte, de una gran fortaleza y abunda en el monte que está a espaldas del pueblo donde vivo y por los alrededores. Sus flores blancas tienen unos pétalos que parecen endebles, sin embargo. Como papel de seda. No sé más de ella, excepto que sus tallos son pringosos.

Esta es mi dedicatoria para el día de hoy.

22 de abril de 2022 – Cora pastando

Carboncillo y pastel sobre papel de esbozo reciclado. Dimensiones 70x42cm.

Esta vez he querido soltar más la mano. Llevo unos día recordando lo que hacía cuando era bastante joven. Solía coger el carboncillo o el pastel y solía hacerlo en el suelo, dibujar con trazos e intentando sacar algo que me dijera algo a mí. Insinuar las formas hasta el punto de identificarlas. Después añadir lo que creía que podía aportar a esa forma, no más.

Con frecuencia he oído, a lo largo de mi vida, esa pregunta de «¿podrías llegar más?», significando que se pareciera más a la realidad, al estilo del hiperrealismo, supongo. O bien, que dejar zonas de un papel o lienzo sin utilizar, sin cubrir, implicaba que se había dejado inacabado. También está eso que se dice de «está conseguido», imagino que hablando de nuevo de un parecido más o menos exacto.

No comprendo el arte, y no comprendo qué quiere ver la gente en el arte. Para mí arte es hacer cosas según las ves tú, y en otros casos, una expresión de tu interior con sus búsquedas, equilibrios y desequilibrios. También, como observadora, un medio de empatizar con el alma o el intelecto de otra persona. Todo ello en una inversión de tiempo, práctica y deseo de fijar la propia existencia al presente. En el arte se pueden tomar muchos derroteros, pero cualquiera de ellos ha de ser el tuyo propio y en ese derrotero, parecerse, ser idéntico, o copiar, como finalidad, no tiene sentido.

Recuerdo una de las primeras clases de dibujo que tomé en una academia; yo tenía dieciocho años y duré poco tiempo porque no era exactamente lo que necesitaba, lo que sentía que necesitaba. Bueno, pues en una de esas clases, un señor bastante pintoresco, que llevaba capa en el exterior y aparecía por ahí como el maestro, el mentor de las profesoras que nos daban clases, me puso en un cuarto aparte, después de ver un boceto de bodegón que yo había hecho con dos manzanas y unos trapos, y me situó frente a un espejo. El espejo estaba de perfil a un vano que había en la pared del que colgaba una cortina haciendo las veces de una puerta. La cortina estaba a medio correr y dejaba entrar una luz, lo justo solo para bañar la mitad de mi cara; el resto quedaba en penumbra. Me dijo que me hiciera un retrato con el carboncillo. Me contó cuatro cosas, que si debía ver formas geométricas en mi cara para poder ubicarla en el papel, etc. Empecé a hacer mi cara. Encajé las dos partes, pero la mitad que quedaba en penumbra en la realidad la dejé en una sombra muy oscura, en la que apenas se divisaba la forma del ojo, la ceja, la oreja, y me puse a dar más detalle a la parte iluminada. Al poco de estar dibujando, volvió el señor y me dijo que lo dejara así. Que probablemente en otros casos habría quien seguiría, pero que lo dejara así. Que muchas veces es mejor dejarlo cuando ya hemos obtenido algo.

En ese momento, pensé que quizá me estaba diciendo que podría estropearlo, o que carecía de las destrezas de un estudiante de Bellas Artes —tenían un mantra cuando hacía algo y era «para Bellas Artes habría que seguir, pero ahora no hace falta—. La verdad es que me gustaba lo que estaba viendo ante mí, pero la inseguridad es un fantasma muy pesado.

He contado esta anécdota porque, como he dicho antes, llevo unos días intentando recordar cómo era eso de dibujar en esbozo y considerarlo como un trabajo acabado. Me he preguntado, «¿quién dicta el valor de las cosas?». Y entonces me he acordado, al escribir esto, de ese señor extravagante que me aconsejó dejar mi retrato a medias porque lo consideraba acabado. Ahora, mirando al pasado, me sonrío al observar ese fantasma de la inseguridad con sus pasos pringosos marchando a mi lado y provocando una eterna búsqueda. No me arrepiento de ello porque se ve que formaba parte de mi proceso de comprensión.

21 de abril de 2022 – Palillos y tamarindo

Trabajo en aquello que me supone una infranqueable barrera.

Este dibujo está hecho sobre un papel (42x30cm) de color gris perla. Básicamente el dibujo lo hice primero en grafito, el encajado, y después pastel. Anadí pintura acrílica para los detalles de las flores del tamarindo, que apenas son unas pequeñas nebulosas blancas y magentas, más o menos. También a los pequeños brillos del bote. Desde el principio quise utilizar el acrílico sobre el pastel. La idea de mezclar ambos medios en un dibujo me atrajo y volveré a hacerlo, porque me gustó hacerlo.

Normalmente pongo nombres a las plantas que dibujo porque tienen un nombre y me facilita el título de la entrada, por ejemplo. Y aunque en su momento me pareció interesante saber más acerca de la planta en sí, poco a poco voy cediendo el paso a la mera observación de una hoja o de una flor, de lo que sugieren.

El tamarindo (no se trata del fruto utilizado en la cocina, sino de la planta del mismo nombre) es poca cosa cuando no tiene sus hojitas minúsculas, e incluso cuando la flor está todavía encerrada en sus bolitas magentas. Pero cuando estas se abren, de lejos, parecen pelusas colgantes. Pensé que me resultaría difícil pintarlas, pero me dejé llevar por la observación, por lo que me parecían que eran y al final me siento bien con lo que veo.